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Hace sólo una semana Globomedia decidía cerrar para siempre las puertas del Internado ‘Laguna Negra’.

¿Qué es más difícil, escribir el piloto o el episodio final de una serie? Muchas veces me hago esta pregunta y la gran mayoría concluyo que es más complicado cerrar una historia que crearla. Para empezar cuando la creas estás arriesgando de cero, no tienes nada que perder. Con suerte pasará el examen una cadena apostará con ella. Y con muchísima más suerte pasará la prueba de fuego y tras varios capítulos la audiencia de la serie compense a la cadena seguir emitiendo tu producto.

Pero cuando decides lacrar el último guión de una serie ya no sólo estás jugando con las vidas inexistentes de tus personajes, estás jugando con los sentimientos de millones de personas. Y no hay mayor verdad en la vida que nunca llueve a gusto de todos. Para enumerar series en las que el final haya gustado a la gran mayoría de sus fans no necesitaríamos más dedos que los de una mano.

Hace sólo una semana Globomedia decidía cerrar para siempre las puertas del Internado ‘Laguna Negra’. Siete temporadas, cuatro años de emisión, 71 capítulos, y 6.400 horas de emisión iban a entrar a formar parte del pasado en sólo una hora y media escasa en la que todas las historias se verían cerradas y encontrarían un fin.

Hay que reconocer que el reto era complicado: después de que todo lo que ocurría en ese misterioso internado salera a la luz tras seis temporadas, Globomedia decidió alargar la serie dos temporadas más creando una cuarentena. ¿Dónde quedó Noiret, quien, por arte de magia desapareció del escenario? ¿Qué fue de la madre de Marcos que, pese a ser el personaje clave de la serie, se tira dos temporadas sin salir? ¿Por qué resucitar a Héctor para un minuto de actuación? Y lo que es más importante, ¿por qué una cuarentena?

Los guionistas de El Internado tenían miedo de sacar a los niños del colegio y no saber qué hacer con ellos. Ya les pasó a los guionistas de Prison Break, y no querían estropear la serie, aunque sin darse cuenta la vaciaron de sentido aún más. La serie fue cayendo poco a poco y perdiendo el sentido.

Media temporada cavando, media temporada divididos, media temporada tomándose la última dosis, y media temporada viendo a Iván pelear con Julia. Y como quien no quiere la cosa, llega el penúltimo capítulo y se da el pistoletazo de salida para que en los 30 minutos finales del último capítulo todo acabe como cuento de hadas.

Y sí, acabó como cuento de hadas. La muerte de Fermín no hizo nada más que ensalzar el personaje y darle ese toque heroico que necesitaba. Acabó monótonamente bien (y de una forma completamente predecible). Pero lo que es más importante es que por fin acabó.

El Internado ya es historia y referente en el ámbito de la ficción. Ha marcado un antes y un después en la producción española, pero también ha sido un claro ejemplo de cómo una serie ha de acabar cuando la trama y los personajes lo piden, no cuando la cadena lo decida.

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